Berenice Ceballos García.


Porque viajar es la mejor forma de ejercitar la mente... y el corazón.

La magna vaquería peninsular

09.09.2013 11:53

Para mí la mejor manera de conocer un lugar es a través de su gente, porque al visitar una ciudad, más allá de conocer las bellezas arquitectónicas, gastronómicas o naturales, conocemos de una u otra manera a los locales, sí, esas  personas  que se vuelven una especie de lazo fraternal entre el viajero y el destino, permitiéndonos de primera mano conocer su identidad, sus costumbres, sus creencias… vaya se convierten en esos guías empíricos que nos regalan reconfortantes experiencias personales que seguramente ningún libro viajero o manual nos pueda indicar.

Amable lector, en esta ocasión hago gran hincapié en los residentes, porque después de un vívido fin de semana , hoy más que nunca he podido constatar que la riqueza del ser humano está precisamente en su forma de vida, en su gran diversidad de pensamiento pero sobre todo en su incomparable esfuerzo por mantener vivas tradiciones de gran valor. No se diga más y déjese consentir por el ritmo y la algarabía de la magna vaquería peninsular.

 

Este trascendental evento es una de las celebraciones más importantes a nivel regional. Actualmente es llamada “vaquería” aludiendo así a las antiguas haciendas que se dedicaban precisamente a la crianza del ganado vacuno; pues bien,  una de las actividades que mayor esfuerzo físico implicaba era sellar las reses, por lo que se optó por ofrecer una especie de fiesta comunitaria para conmemorar tal diligencia, de esta manera nace esta representativo y jubiloso espectáculo peninsular. ¿Peninsular? Sí estimado lector, peninsular porque abarca las poblaciones del vecino estado de Yucatán y del “camino real” en Campeche.  Disculpe mi sinceridad, pero después de presenciar tan majestuoso acto, aprendí una gran lección: aquí no hay territorios ni las fronteras, todos forman parte de una misma familia y todos tienen un mismo objetivo: celebrar la vaquería disfrutando el singular ritmo de la jarana.

Desde mi singular perspectiva, el mayor atractivo visual es sin duda la vestimenta.  Imagínese nada más,  cientos de personas vestidos de blanco: las mujeres portando un galante terno con vistosos y coloridos bordados hechos en punta de cruz, ataviadas con singulares collares y llevando florales toques en la cabellera. Los hombres por su parte, vestidos igualmente de blanco y con un singular sombrero,  no pierden esa esencia masculina que enamora. ¡Quedé fascinada!  Esa forma de portar la vestimenta regional y transitar por las calles, hacen este día muy especial. 

 

Pero sin lugar a dudas, lo que despierta algo de envidia, es esa manera de bailar; he de confesar que soy un poquito arrítmica así que ya se imaginará mis muchas expresiones faciales al contemplar admirada tan suculento baile. Digo lo gozan y tararean la música, por eso no me extraña que la palabra “jarana” signifique diversión, bulla, desenfreno… pues sí a buen entendedor, pocas palabras. De modo que este tipo de ritmo musical es una mezcla de las antiguas jotas españolas aunado a tradicionales sones mayas, dando como resultado armoniosas melodías netamente mestizas,  que solicitan gran destreza a sus bailadores, muchos de los cuales son niños. Créame, es un enorme placer poder observar a estos pequeñitos ataviados con singulares trajes y bailando al compás de la música. Sinceramente  es encomiable mantener generación tras generación ésta distintiva tradición. 

 

En este contexto, cabe resaltar la famosa “cabeza de cochino”, un baile que lleva consigo una especie ofrenda. Querido  lector, lo invito a examinar cuidadosamente la siguiente imagen: se trata de una verdadera cabeza de cochino adornada con vistosos listones, panes e incluso cigarrillos. ¡Sutilmente singular! A pesar de que ha tenido ligeras modificaciones, hoy por hoy se nutre de la creatividad de los lugareños y es posible observar tremendas muestras, como la que le presento a continuación. Está elaborado totalmente a base de semillas: maíz y pepitas, entre otros. Además hace alusión al lugar de su procedencia. ¿Alcanza a observar las escaleras al fondo? Pues ésta originalidad nos remite a las grutas de Xtancumbilxunaan, en el pintoresco Hopelchén.  Sencillamente, tratan de transmitir ese arraigado sentimiento de pertenencia, que los motiva a reflejar artísticamente sus formas de vida.

 

Antes de terminar, quiero compartirle una personal experiencia: Tras una breve entrevista para conocer los componentes de esta singular ofrenda, tuve la oportuna cortesía de un bordado y magnifico pañuelo. Más allá del obsequio, me impresionó la intención. No cabe duda de la amabilidad y gentileza de los campechanos. ¿Qué espera estimado lector? Déjese arropar por el encanto y exquisitez de estas nobles tradiciones.

 

*Mis sinceros agradecimientos al profesor Amando López Montero de Hopelchén, Campeche por el noble obsequio.

 

 

Berenice Ceballos García.